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La soberanía no está en negociación: México decide en México

Hay principios que no se debaten porque no se negocian y la soberanía nacional es uno de ellos. No es un eslogan, no es una bandera para los días feriados, es la condición sin la cual no hay república, no hay justicia, no hay rumbo propio. Y esa convicción, hoy más que nunca, anima la conducción del Estado mexicano.
Durante la larga etapa neoliberal, la política exterior se entendió como subordinación. Se firmaba lo que había que firmar, se aceptaba lo que había que aceptar, se callaba cuando convenía callar.
La dignidad nacional se administraba según las urgencias de quienes gobernaban para los de arriba, y siempre, en cada coyuntura difícil, una parte de la clase política mexicana eligió mirar hacia afuera antes que escuchar a su propio pueblo.
Esa tradición es vieja: viene desde quienes, en el siglo XIX, fueron a pedir un emperador extranjero porque no soportaban un presidente con apellido indígena.
Hoy, bajo el liderazgo de nuestra Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, esa página se cerró.
La relación con los Estados Unidos descansa sobre cuatro principios firmes: respeto a la soberanía y a la integridad territorial, responsabilidad compartida y diferenciada, respeto y confianza mutua, y cooperación sin subordinación.
Se trata de cuatro principios que se enuncian con claridad y, sobre todo, se sostienen con firmeza.
Cooperar, sí, en seguridad, en justicia, en lo que toque. Subordinarse, jamás. Porque, como lo ha dicho la Presidenta, las y los mexicanos decidimos en México lo que pasa en México.
Esto significa algo muy sencillo, pero muy poderoso: que ningún juzgado extranjero, ningún departamento ajeno, ninguna presión política, sustituye a las instituciones mexicanas en el juicio sobre asuntos mexicanos.
Pero significa también algo más profundo: que cuando una oposición se cuelga de instancias extranjeras para librar sus batallas internas, no representa al pueblo: repite el guion de quienes, hace siglo y medio, le dieron la espalda a la patria.
Desde Zacatecas, esta defensa de la soberanía resuena con historia propia. Somos tierra de Francisco García Salinas “Tata Pachito”, el padre del federalismo mexicano, tierra de la Toma de Zacatecas, de la División del Norte que fue determinante para el triunfo de la Revolución Mexicana.
Somos también el estado de cientos de miles de paisanas y paisanos que viven y trabajan en los Estados Unidos, que sostienen a sus familias con remesas y que merecen un gobierno que los respete y los defienda allá donde estén. La soberanía no se opone al lazo con nuestros migrantes, lo honra, lo protege, lo dignifica.
Respaldo con plena convicción la conducción serena, firme y digna de la política exterior mexicana, porque caminar a ras de tierra con la gente significa también caminar erguidas y erguidos frente al mundo, sin pedir permiso a nadie para defender lo nuestro.
Hay un principio muy sencillo que recoge todo: con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Y ese pueblo, hoy, decide en México, esa es la soberanía que defendemos. Esa es la patria que estamos construyendo.
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